
Nicolás Ojeda desentraña los límites de la memoria y la tecnología en su nueva exposición en Colorado Galería
como vestigio. La curaduría experta y la atmósfera sonora configuran una experiencia estética
imperdible para los amantes del arte actual.
Chaco On LinePUNTOS CLAVE DE LA NOTICIA
La escena cultural de la región se revitaliza este viernes 4 de septiembre, a partir de las 20.30 h, con la apertura de la muestra colectiva «Escenas posibles de un afecto» en el Centro Cultural Nordeste (A. Illia 355, Resistencia). La exposición reúne las creaciones de las artistas María Rosa Mamana, Lides Samudio, Mariana Stegmayer y Florencia Rivas, bajo la cuidadosa curaduría de Cecilia Quijano Maccio y Gustavo Insaurralde, consolidándose como un evento imperdible dentro de la agenda de arte contemporáneo del Norte Grande Argentino.
En este recorrido visual, la distancia geográfica entre las yungas tucumanas, la inmensidad del territorio chaqueño y los paisajes fluviales de Paraguay se disuelve para dar paso a un ensayo cartográfico donde el pliegue, la puntada, la luz y el color actúan como vehículos expresivos. Cada creadora aporta una mirada singular sobre los afectos y la materialidad.
Por un lado, María Rosa Mamana invita a habitar el cuerpo-paisaje a través de su obra central, el «Vestido Continente». Esta pieza funciona como una arquitectura íntima y un refugio multisensorial portátil que trasciende el movimiento físico, transformando el textil en un contenedor de emociones e identidades sin coordenadas fijas.
En sintonía con las raíces culturales, Lides Samudio reinterpreta el oficio ancestral de la herencia popular. La artista trasciende la técnica tradicional incorporando sutiles desplazamientos en las puntadas, mayor densidad en los hilos y combinaciones cromáticas innovadoras que se apartan de los esquemas convencionales del aopo’i, manteniendo viva la memoria colectiva.
Por su parte, Mariana Stegmayer despliega una poética de la fragilidad en su serie «Jardín mínimo». Mediante el uso transparente y delicado de la acuarela, explora fragmentos botánicos y la esencia de formas orgánicas diminutas, contraponiendo la vitalidad de los lavados verdes con la precisión milimétrica de tallos oscuros sobre espacios etéreos.
Finalmente, Florencia Rivas materializa sus cuerpos-conexiones mediante el «Ensayo textil». Aquí, la tela abandona su rol pasivo para erigirse como un sistema microarquitectónico donde el corte, la tensión y el hilo asumen funciones estructurales, zurciendo distancias y evidenciando las reglas de los vínculos entre la materia y el espacio.
De este modo, la exposición teje un gran tapiz regional que entrelaza el territorio andante de Mamana, el ritual comunitario de Samudio, el microcosmos botánico de Stegmayer y los pliegues relacionales de Rivas, configurando una cartografía sin fronteras donde el arte contemporáneo celebra la conexión humana.





