Alerta sanitaria en Argentina: el virus de la rabia continúa activo en la fauna urbana y la caída de la vacunación en mascotas enciende las alarmas
PUNTOS CLAVE DE LA NOTICIA
- Circulación viral persistente: El virus de la rabia no desaparece de Argentina y encuentra en los murciélagos insectívoros su principal reservorio urbano, con decenas de casos confirmados en los últimos años.
- Riesgo intraudomiciliario: Perros y gatos que no salen a la calle también se exponen al contagio si entran en contacto con murciélagos infectados que ingresan a patios, balcones o viviendas.
- Impacto de la baja cobertura: La disminución en la aplicación de la vacuna antirrábica luego de la pandemia genera vulnerabilidad y debilita el control epidemiológico histórico del país.
- Carácter zoonótico y letal: La enfermedad afecta el sistema nervioso central de los mamíferos y resulta siempre mortal una vez que se manifiestan los síntomas clínicos.
- Obligatoriedad y prevención: La vacunación anual en mascotas a partir de los tres meses de vida se consolida como la herramienta más eficaz para cortar la cadena de transmisión hacia las personas.
RESISTENCIA (Septiembre de 2026).- Pensar que la rabia constituye una patología del pasado se transforma, paradójicamente, en uno de los peligros más graves para la salud pública en Argentina. Si bien el país logra contener la variante canina mediante décadas de inmunización sostenida y estricta vigilancia epidemiológica, el patógeno conserva una circulación activa y detecta en los murciélagos un reservorio urbano constante.
Los registros oficiales demuestran esta realidad: entre los años 2019 y 2024 se reportan 927 contagios en animales a nivel nacional, alcanzando un pico de 224 casos durante 2022. Asimismo, las estadísticas previas a la semana epidemiológica 22 de 2025 confirman otros 76 episodios distribuidos en 13 jurisdicciones, donde 67 corresponden específicamente a murciélagos no hematófagos e insectívoros. El escenario también abarca animales de producción y un felino doméstico en la provincia de Buenos Aires contagiado por una variante propia de la fauna volante.
Esta dinámica desmitifica la creencia generalizada de que los perros y gatos confinados en departamentos o casas sin acceso a la vía pública escapan del peligro. Los murciélagos integran el ecosistema urbano y frecuentan balcones, jardines o techos, exponiendo a las mascotas —especialmente a los gatos por su instinto cazador— a un contagio accidental incluso dentro del propio hogar. Ante este panorama de baja percepción de riesgo por parte de la comunidad, los veterinarios enfatizan que la ausencia de casos humanos frecuentes no equivale a la desaparición del virus.
Especialistas del sector sanitario señalan que el principal desafío actual radica en impedir que el éxito preventivo histórico induzca a la población a bajar la guardia. La normativa nacional establece la obligatoriedad de la inmunización antirrábica en caninos y felinos desde los tres meses de edad, complementada con refuerzos anuales indispensables para bloquear el puente epidemiológico entre la fauna silvestre, las mascotas y las personas.
La gravedad del cuadro radica en que la rabia opera como una zoonosis viral destructiva para el sistema nervioso central, cuyo desarrollo clínico muestra una tasa de mortalidad del ciento por ciento. Ante la aparición de un murciélago diurno con movilidad reducida o conductas erráticas, los expertos recomiendan evitar la manipulación directa, impedir el acercamiento de animales domésticos y dar aviso inmediato a las áreas de bromatología o zoonosis para su análisis correspondiente.